Libertad y diversión bajo el agua gracias al buceo adaptado

El buceo siempre ha sido una actividad bastante atractiva, aunque sabemos que requiere de un buen estado de salud y de formación teórica y práctica. Aunque si se tienen las adaptaciones oportunas, las personas que presentan alguna discapacidad física, sensorial o están en medio de Tratamientos paliativos, también tienen la posibilidad de disfrutar de dicha experiencia.

Buceo profesional y buceo deportivo

Inicialmente es importante reconocer en qué consiste cada uno de ellos. En el caso del buceo, a este también se le conoce como submarinismo o escafandrismo, se trata de una práctica en donde se practica la inmersión en masas de agua como mares o lagos. De acuerdo a los expertos se pueden distinguir dos tipos de buceo: el profesional y el deportivo-recreativo.

De manera que, la diferencia que surge entre ambos se encuentra básicamente en la distancia de inmersión. Cuando se trata de buceo deportivo, este no supera los 40 metros, mientras que en el profesional, este podría llegar hasta los 100 metros.

Dentro del buceo deportivo es posible distinguir entre el buceo a pulmón o apnea; y el buceo con escafandra, es otras palabras, con bombonas de oxígeno.

Cuando se trata del primero, se debe salir cada cierto tiempo para tomar aire. Pero cuando se practica el segundo, se tiene  más autonomía y es posible sumergirse durante más tiempo para lograr observar el fondo marino con su flora y su fauna. 

Cuando se habla de buceo adaptado, se hace referencia al conjunto de actividades subacuáticas, en apnea o con escafandra autónoma, que se realizan por personas que presentan alguna discapacidad.

Esta es una actividad que precisa de adaptaciones en lo referente al material (ajustes técnicos mínimos), movimientos y logística, con los que se permitirá que el buceador llegue a practicar la actividad con la misma seguridad que lo hacen las personas sin discapacidad. 

Este es un tipo de buceo que exige cumplir con ciertos requisitos, aunque en todos los casos, el buceo es un deporte seguro, siempre y cuando se esté preparado y familiarizado con el material.

Otra recomendación es que se practique en grupo, o por lo menos en pareja, en el caso de que lleguen a surgir problemas e imprevistos. Con respecto al buceo adaptado, y dependiendo de la discapacidad que presente el buceador, podría ser necesaria la inmersión de un buceador de apoyo más.

Requisitos para practicar buceo adaptado 

Más allá de todos los beneficios que nos otorga la práctica de buceo, esta se puede encontrar contraindicada para ciertos casos. En tal sentido, la Federación Española de Actividades Subacuáticas señala que, entre los requisitos generales que se solicitan para realizar la práctica de buceo adaptado, se encuentran saber y poder nadar a una distancia mínima de 100 metros (en cualquier estilo y tiempo) y no presentar alguna contraindicación médica general.

Así mismo, se  debe realizar la formación que corresponde y obtener una valoración médica específica. Dicho examen médico tiene como finalidad clasificar a los buceadores en dos tipologías con la idea de determinar el tipo de adaptación que requieren.

Buceador C1: es aquel que se encuentra en su totalidad dependiente en accesos y parcialmente dependiente en las maniobras de inmersión. Cuando se encuentra dentro del agua, este es dependiente total o parcial tanto en gestos, como en desplazamiento. En tal situación, el buceador necesita siempre de un buceador entrenado y de un buceador sin discapacidad experimentado.

Buceador C2: se trata de un buceador que es sólo dependiente para el acceso al agua y/o parcialmente dependiente en algunas de las maniobras previas a la inmersión. Una vez dentro del agua, es independiente en todos los gestos técnicos del buceo estándar y en su desplazamiento. Para este caso solo se necesita un buceador sin discapacidad como acompañante.